La historia del cannabis en Chile comienza en 1541 con los primeros cultivos en Curacaví para abastecer a la corona española de cuerdas y velas marinas. Siglos después, tras haber sido promovida y subsidiada por el propio Estado chileno, la planta fue prohibida y perseguida penalmente a partir de la década de 1970.
Esa es la respuesta corta. Pero en este nuevo episodio de Pitos y Leyendas, tenemos que sumergirnos en la cronología completa para entender cómo el país pasó de regalar tierras para sembrar cáñamo, a meter presa a la gente por hacerlo.
Todo parte con Pedro de Valdivia (que, spoiler alert, no era de Valdivia), bajo cuyo gobierno se registran las primeras siembras en el mismo valle donde hoy se hace chicha. El negocio era redondo: en 1545, el Rey Carlos V ordenó a las colonias sembrar cáñamo —la variedad del cannabis sin grandes concentraciones psicoactivas— para abastecer a la Real Armada española, eliminando impuestos aduaneros y entregando tierras a destajo.
Chile se llenó de cannabis. Sin embargo, la guerra de Independencia pisoteó y destruyó los campos agrícolas.
Para salvar la economía de la naciente república, Bernardo O’Higgins promulgó en 1822 un decreto oficial para incentivar masivamente el cultivo de cannabis sativa. El gobierno no solo redujo los impuestos para los agricultores, sino que en 1833 la propia Imprenta Nacional publicó un manual de 92 páginas enseñándole a los chilenos a cultivarla. La visión cañamera funcionó tan bien que, para 1943 y en plena Segunda Guerra Mundial, el Estado impulsó la siembra hasta alcanzar oficialmente 20.340 hectáreas legales en zonas como Quillota y Aconcagua.
Lo que destruyó esta industria agrícola no fueron las leyes prohibicionistas, fue el nylon. La llegada de las fibras sintéticas volvió al cáñamo una materia prima lenta y estacional. El mercado aniquiló los cultivos, y en el país solo quedaron los usuarios.
¿Quién hizo ilegal la marihuana en Chile?
Cuando el nylon mató al cáñamo industrial, la política se encargó del resto. La prohibición moderna en Chile se construyó en dos tiempos:
Primero, Salvador Allende promulgó en mayo de 1973 la Ley 17.934, la primera normativa de drogas de Chile que introdujo la lógica de persecución penal. Aunque el texto no mencionaba la palabra cannabis, delegó al Ministerio de Salud la lista de estupefacientes perseguidos, donde la planta sí fue incluida.
Segundo, durante la dictadura de Augusto Pinochet, se promulgó la Ley 18.403 en 1985, la cual tipificó explícitamente al «género cannabis» y prohibió su siembra, cosecha y consumo.
Hoy vivimos la resaca administrativa de todo esto. El Estado chileno clasifica a la flor del cannabis en la lista de sustancias de «alta toxicidad» (junto a la cocaína), pero sus extractos y productos farmacéuticos figuran en una lista de menor gravedad. Al mismo tiempo, la ley 21.575 de 2023 ampara expresamente el cultivo para tratamientos médicos.
Nuestra historia demuestra que la planta nunca fue el problema, sino la miopía de las leyes que intentan regularla. ¿Sabías que O’Higgins tenía un plan cañamero?
Muchas gracias a quienes nos dan créditos de IA para preguntar toda esta info: Proton, Blimburn y OCB!